La cooperación entre las personas

cooper

 

¿Qué motiva que las personas cooperen?

Dando vueltas a la razón de ser de los blogs y demás espacios y actividades vinculadas con las redes sociales, una y otra vez vuelvo a formularme la misma pregunta “¿Qué es lo que motiva a la gente a cooperar?”.

Muchas publicaciones vinculadas con la economía hablan de la “economía de la compartición” como algo relativamente nuevo y que altera algunos principios básicos de la economía convencional que vienen a traducir valor por dinero.

Durante un debate mantenido en un seminario de liderazgo desarrollado la semana pasada en Barcelona, mantenía frente a un grupo de asistentes el valor que tiene la conversación entre las personas como elemento básico para mejorar el resultado de la acción en los equipos de trabajo. Tratando de llevar al campo más cuantitativo esta afirmación, les propuse como ejemplo el famoso dilema del prisionero para entender que en un juego de suma no cero, una estrategia competitiva, en la que ambos prisioneros delatan al compañero, puede conducir a resultados peores que la estrategia cooperativa en la que los prisioneros deciden no delatarse el uno al otro, siendo la incomunicación entre las dos personas (la falta de conversación) la que conducía a este resultado.

A la vuelta del seminario, volviendo a darle vueltas al fenómeno de las redes sociales, me vino a la cabeza el modelo del dilema del prisionero para explicar lo que el semanario Economist denominaba “The economics of sharing” en un artículo publicado el 3 de Febrero de 2005.

Sin duda alguna, y este suele ser el argumento con el que hasta el momento nos hemos movido, detrás de la colaboración desinteresada de los individuos en los blogs, las redes sociales o muchos otros ámbitos de la vida, puede existir el afán de reconocimiento, el interés por tener influencia o crear opinión dentro del grupo o cualquier otro componente en el que un individuo obtiene recompensa por algo a lo que la otra parte no concede valor. Siendo este un argumento que seguro está en el origen de muchas de estas actuaciones, nunca acabó de satisfacerme completamente como único argumento que explicara el fenómeno de “The economics of sharing” hasta que se me ocurrió revisar este concepto a la luz de la teoría de juegos.

Resulta que, en el caso de que el dilema del prisionero se desarrolle un número suficientemente elevado de veces entre los dos competidores, el comportamiento de los contendientes tiende a que cada uno responda con la misma estrategia asumida por el oponente en el movimiento anterior, conduciendo al final a una estrategia cooperativa cuando ambos comprenden la dinámica del juego.

Como resultado de la reflexión, me pregunto si es posible que en determinados mercados maduros o entre grupos en los que la tecnología facilite el desarrollo de un elevado número de transacciones en un corto plazo de tiempo los contendientes hayan podido asimilar de manera intuitiva este tipo de dinámicas. Podríamos encontrarnos ante un nuevo marco de actuación en el que no sería la maximización del interés individual el criterio básico que guiaría la dinámica de la economía entre los grupos.

Sin duda alguna, como dicen los italianos, “si non e vero e ben trovato”.

 

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